Lo que no estamos haciendo, aunque ya debería estar en marcha
No se trata solo de discutir incentivos demográficos, subsidios o políticas de natalidad.
Se trata de repensar y rediseñar Chile para una vida larga, con todo lo que eso implica.
Diseñar servicios que respondan a las capacidades y deseos de las personas mayores, no a estereotipos de fragilidad. Tecnologías que no solo detecten riesgos, sino que potencien la autonomía. Espacios públicos que favorezcan la movilidad y la sociabilidad real. Entornos digitales que consideren la diversidad de habilidades cognitivas y sensoriales.
Diseñar empleos y trayectorias laborales que incluyan a quienes tienen 60, 70 o más años. No como complemento, sino como parte integral de organizaciones que valoran experiencia, perspectiva y resiliencia.
Diseñar políticas públicas que no traten a la vejez como gasto social, sino como capital social. Porque una sociedad que envejece también es una sociedad con riqueza acumulada de conocimiento, vínculos y experiencia. Es memoria.
No es simplemente “tener más hijos”
La decisión de formar una familia no ocurre en el vacío. También tiene que ver con la percepción del futuro; bienestar, oportunidades y redes de apoyo que se transmiten a las generaciones jóvenes. Si el horizonte que percibimos es el de una vejez precaria, aislada o invisible, nadie se sorprende de que muchas personas decidan postergar o incluso renunciar a tener hijos.
Entonces, lejos de ver la baja natalidad como una anomalía que una política puede corregir de forma aislada, deberíamos verla como un síntoma de una brecha mayor: una desconexión entre la sociedad que estamos construyendo y la sociedad que realmente somos y seremos.
Diseño + dignidad = sociedad longeva (nueva longevidad)
Diseñar para una sociedad envejecida no es crear productos o servicios “para abuelitos”. Es repensar la vida en todas sus etapas. Es convertir la longevidad en una oportunidad estructural para la economía, para las relaciones sociales, para la innovación cultural y tecnológica, y no en una preocupación temporal.
Si Chile quiere ser un país donde las personas decidan formar familias y también vivir plenamente durante toda la vida, entonces el desafío no es solo demográfico.
Es cognitivo y, por supuesto, también cultural, cambiar la mirada para diseñar con propósito, desde ahora, para una vida que no termina en la vejez, sino que se enriquece con ella.
Paulina Pozo
Especialista en economía plateada