Más allá de la baja natalidad:
diseñar para una sociedad longeva desde hoy

Chile acaba de alcanzar un hito histórico: en 2025 registró su tasa de natalidad más baja desde que se lleva registro, con apenas 0,97 hijos por mujer. Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), esa cifra podría bajar aún más, hasta situarse en 0,89 hijos por mujer en 2028. Además, se proyecta un crecimiento natural negativo a partir de ese año, cuando las defunciones superen a los nacimientos.
Este dato ocupa titulares desde hace varias semanas atrás, y con razón, porque marca una transformación profunda de nuestro país. Pero, si queremos avanzar más allá del shock noticioso, creo que es necesario cambiar la pregunta que guía el debate.
En vez de centrarnos únicamente en cómo revertir la baja natalidad, deberíamos preguntarnos: ¿para quién estamos diseñando nuestra sociedad? ¿Estamos pensando en un Chile que será envejecido por décadas, o seguimos operando como si el futuro siguiera siendo joven?
Porque Chile no solo está teniendo menos hijos, también está viviendo más tiempo. La esperanza de vida proyectada supera los 81 años en 2026.
Eso implica una realidad demográfica clara: antes de 2030, una proporción sustancial de la población será senior. Y, sin embargo, todavía la mayoría de nuestras políticas, productos, servicios y tecnologías se diseñan como si la vejez fuera un problema por resolver en el futuro, y no como un segmento activo y presente en nuestro hoy.
Diseñar para la longevidad
Lo que no estamos haciendo, aunque ya debería estar en marcha
No se trata solo de discutir incentivos demográficos, subsidios o políticas de natalidad. Se trata de repensar y rediseñar Chile para una vida larga, con todo lo que eso implica.
Diseñar servicios que respondan a las capacidades y deseos de las personas mayores, no a estereotipos de fragilidad. Tecnologías que no solo detecten riesgos, sino que potencien la autonomía. Espacios públicos que favorezcan la movilidad y la sociabilidad real. Entornos digitales que consideren la diversidad de habilidades cognitivas y sensoriales.
Diseñar empleos y trayectorias laborales que incluyan a quienes tienen 60, 70 o más años. No como complemento, sino como parte integral de organizaciones que valoran experiencia, perspectiva y resiliencia.
Diseñar políticas públicas que no traten a la vejez como gasto social, sino como capital social. Porque una sociedad que envejece también es una sociedad con riqueza acumulada de conocimiento, vínculos y experiencia. Es memoria.
No es simplemente “tener más hijos”
La decisión de formar una familia no ocurre en el vacío. También tiene que ver con la percepción del futuro; bienestar, oportunidades y redes de apoyo que se transmiten a las generaciones jóvenes. Si el horizonte que percibimos es el de una vejez precaria, aislada o invisible, nadie se sorprende de que muchas personas decidan postergar o incluso renunciar a tener hijos.
Entonces, lejos de ver la baja natalidad como una anomalía que una política puede corregir de forma aislada, deberíamos verla como un síntoma de una brecha mayor: una desconexión entre la sociedad que estamos construyendo y la sociedad que realmente somos y seremos.
Diseño + dignidad = sociedad longeva (nueva longevidad)
Diseñar para una sociedad envejecida no es crear productos o servicios “para abuelitos”. Es repensar la vida en todas sus etapas. Es convertir la longevidad en una oportunidad estructural para la economía, para las relaciones sociales, para la innovación cultural y tecnológica, y no en una preocupación temporal.
Si Chile quiere ser un país donde las personas decidan formar familias y también vivir plenamente durante toda la vida, entonces el desafío no es solo demográfico.
Es cognitivo y, por supuesto, también cultural, cambiar la mirada para diseñar con propósito, desde ahora, para una vida que no termina en la vejez, sino que se enriquece con ella.
Paulina Pozo
Especialista en economía plateada